Documento 110 - Relación de los Ajustadores con los mortales individuales


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Documento 110

Relación de los Ajustadores con los mortales individuales

DOTAR de libertad a unos seres imperfectos implica tragedias inevitables, y es propio de la perfecta Deidad ancestral compartir de forma universal y afectuosa esos sufrimientos en amoroso compañerismo.

   En la medida en que estoy familiarizado con los asuntos de un universo, el amor y la devoción de un Ajustador del Pensamiento los considero como el afecto más verdaderamente divino de toda la creación. El amor que manifiestan los Hijos en su ministerio hacia las razas es magnífico, pero la devoción de un Ajustador hacia el individuo es conmovedoramente sublime, divinamente semejante a la del Padre. El Padre Paradisiaco se ha reservado aparentemente esta forma de contacto personal con sus criaturas individuales como una prerrogativa exclusiva de Creador. En todo el universo de universos no hay nada exactamente comparable al maravilloso ministerio de estas entidades impersonales que residen de una manera tan fascinante en los hijos de los planetas evolutivos.

1. LA ESTANCIA EN LA MENTE DE LOS MORTALES

   No se debe pensar que los Ajustadores viven en el cerebro material de los seres humanos. No son una parte orgánica de las criaturas físicas de los mundos. Se puede concebir de manera más apropiada que el Ajustador del Pensamiento reside en la mente mortal del hombre, en lugar de existir dentro de los confines de un órgano físico determinado. El Ajustador se comunica constantemente, de forma indirecta y sin ser reconocido, con el sujeto humano, especialmente durante las experiencias sublimes en las que la mente se pone en contacto de adoración con el espíritu en la superconciencia.

   Desearía que me fuera posible ayudar a los mortales evolutivos a conseguir comprender mejor y a alcanzar una apreciación más completa del trabajo desinteresado y magnífico de los Ajustadores que viven dentro de ellos, y que son tan devotamente fieles a la tarea de fomentar el bienestar espiritual del hombre. Estos Monitores aportan su ministerio eficaz a las fases superiores de la mente de los hombres; manipulan con sabiduría y experiencia el potencial espiritual del intelecto humano. Estos ayudantes celestiales están dedicados a la prodigiosa tarea de guiaros con seguridad hacia dentro y hacia arriba hasta el refugio celestial de la felicidad. Estos trabajadores incansables están consagrados a la personificación futura del triunfo de la verdad divina en vuestra vida eterna. Son los obreros vigilantes que pilotan la mente humana consciente de Dios, alejándola de los escollos del mal mientras guían hábilmente el alma evolutiva del hombre hacia los puertos divinos de la perfección en las costas eternas y lejanas. Los Ajustadores son unos conductores amorosos, vuestros guías seguros y dignos de confianza a través de los laberintos oscuros e inciertos de vuestra breve carrera terrestre; son los pacientes educadores que impulsan constantemente a sus sujetos a avanzar por los caminos de la perfección progresiva. Son los guardianes cuidadosos de los valores sublimes del carácter de las criaturas. Desearía que pudierais amarlos más, cooperar más ampliamente con ellos y quererlos con más afecto.


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   Aunque los habitantes divinos se preocupan principalmente de vuestra preparación espiritual para la próxima etapa de la existencia sin fin, también se interesan profundamente por vuestro bienestar temporal y por vuestros logros reales en la Tierra. Les encanta contribuir a vuestra salud, felicidad y verdadera prosperidad. No son indiferentes a vuestro éxito en todos los asuntos relacionados con vuestro avance planetario que no sean contrarios a vuestra vida futura de progreso eterno.

   A los Ajustadores les interesan y les preocupan vuestras actividades diarias y los múltiples detalles de vuestra vida en la medida exacta en que éstos influyen en la determinación de vuestras elecciones temporales significativas y de vuestras decisiones espirituales vitales y que son, en consecuencia, unos factores en la solución del problema de la supervivencia y del progreso eterno de vuestra alma. Aunque el Ajustador es pasivo en lo que se refiere a vuestro bienestar puramente temporal, es divinamente activo en todos los asuntos relacionados con vuestro futuro eterno.

   El Ajustador permanece con vosotros en todos los desastres y durante todas las enfermedades que no destruyen por completo las funciones mentales. Pero cuán cruel es manchar a sabiendas o contaminar deliberadamente de otras maneras el cuerpo físico que debe servir de tabernáculo terrestre a este don maravilloso de Dios. Todos los venenos físicos retrasan considerablemente los esfuerzos del Ajustador por elevar la mente material, mientras que los venenos mentales del miedo, la cólera, la envidia, los celos, la desconfianza y la intolerancia obstaculizan también enormemente el progreso espiritual del alma evolutiva.

   Actualmente estáis atravesando el período en que vuestro Ajustador os corteja; y si os limitáis a mostraros fieles a la confianza depositada en vosotros por el espíritu divino que busca vuestra mente y vuestra alma para una unión eterna, finalmente se producirá esa unidad morontial, esa armonía celestial, esa coordinación cósmica, esa sintonización divina, esa fusión celestial, esa mezcla interminable de identidad, esa unidad de existencia que será tan perfecta y final, que ni siquiera las personalidades más experimentadas podrán nunca separar o reconocer a los dos asociados fusionados —el hombre mortal y el Ajustador divino— como identidades separadas.

2. LOS AJUSTADORES Y LA VOLUNTAD HUMANA

   Cuando los Ajustadores del Pensamiento habitan en la mente humana, traen consigo las carreras modelo, las vidas ideales que han sido determinadas y preordenadas por ellos mismos y por los Ajustadores Personalizados de Divinington, y certificadas por el Ajustador Personalizado de Urantia. Empiezan pues a trabajar con un plan definido y predeterminado para el desarrollo intelectual y espiritual de sus sujetos humanos, pero ningún ser humano está obligado a aceptar este plan. Todos sois sujetos predestinados, pero no está ordenado de antemano que tengáis que aceptar esta predestinación divina; tenéis plena libertad para rechazar cualquier parte o todo el programa de los Ajustadores del Pensamiento. Su misión es efectuar los cambios mentales y los ajustes espirituales que autoricéis de manera voluntaria e inteligente, a fin de conseguir más influencia sobre la orientación de vuestra personalidad; pero estos Monitores divinos no se aprovechan de vosotros en ninguna circunstancia ni influyen arbitrariamente de ninguna manera en vuestras elecciones y decisiones. Los Ajustadores respetan la soberanía de vuestra personalidad; siempre están subordinados a vuestra voluntad.

   Son perseverantes, ingeniosos y perfectos en sus métodos de trabajo, pero no violentan nunca la individualidad volitiva de sus anfitriones. Ningún ser humano será nunca espiritualizado en contra de su voluntad por un Monitor divino; la supervivencia es un don de los Dioses que ha de ser deseado por las


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criaturas del tiempo. A fin de cuentas, cualquier cosa que el Ajustador haya logrado hacer por vosotros, los archivos mostrarán que esa transformación ha sido realizada con vuestro consentimiento cooperativo; habréis sido un asociado voluntario del Ajustador para alcanzar cada etapa de la enorme transformación de la carrera ascendente.

   El Ajustador no trata de controlar vuestro pensamiento como tal, sino más bien de espiritualizarlo, de eternizarlo. Ni los ángeles ni los Ajustadores se dedican directamente a influir sobre el pensamiento humano; ésta es una prerrogativa exclusiva de vuestra personalidad. Los Ajustadores se dedican a mejorar, modificar, ajustar y coordinar vuestros procesos mentales; pero se consagran más especial y específicamente a la tarea de construir las contrapartidas espirituales de vuestra carrera, las transcripciones morontiales de vuestro verdadero yo en progreso, a fin de hacerlo sobrevivir.

   Los Ajustadores trabajan en las esferas de los niveles superiores de la mente humana, tratando sin cesar de producir los duplicados morontiales de cada concepto del intelecto mortal. Existen pues dos realidades que inciden y están centradas en los circuitos de la mente humana: una es un yo mortal surgido por evolución de los planes originales de los Portadores de Vida, y la otra es una entidad inmortal procedente de las altas esferas de Divinington, un don interior de Dios. Pero el yo mortal es también un yo personal; tiene una personalidad.

   Vosotros, como criaturas personales, tenéis una mente y una voluntad. El Ajustador, como criatura prepersonal, tiene una premente y una prevoluntad. Si os ajustáis tan plenamente con la mente del Ajustador como para ver con los mismos ojos, entonces vuestras mentes se volverán una sola, y recibiréis el refuerzo de la mente del Ajustador. Posteriormente, si vuestra voluntad ordena e impone la ejecución de las decisiones de esta mente nueva o combinada, la voluntad prepersonal del Ajustador conseguirá expresarse como personalidad a través de vuestra decisión, y en la medida en que afecta a este proyecto particular, vosotros y el Ajustador seréis una sola cosa. Vuestra mente habrá alcanzado la sintonización con la divinidad, y la voluntad del Ajustador habrá logrado expresarse como personalidad.

   En la medida en que se realiza esta identidad, os acercáis mentalmente al tipo de existencia morontial. El término mente morontial significa la sustancia y la suma total de unas mentes de naturaleza diversamente material y espiritual en cooperación. El intelecto morontial implica por lo tanto, en el universo local, una mente doble dominada por una sola voluntad. Para los mortales se trata de una voluntad de origen humano que se vuelve divina a medida que el hombre identifica su mente humana con la dotación mental de Dios.

3. LA COOPERACIÓN CON EL AJUSTADOR

   Los Ajustadores juegan el juego magnífico y sagrado de todos los tiempos; están metidos en una de las aventuras supremas del tiempo en el espacio. Y qué felices se sienten cuando vuestra cooperación les permite prestaros ayuda en vuestras breves luchas temporales, mientras continúan llevando a cabo sus tareas eternas más amplias. Pero cuando vuestro Ajustador intenta comunicarse con vosotros, su mensaje se pierde generalmente en las corrientes materiales de los flujos de energía de la mente humana; sólo de vez en cuando captáis un eco, un eco débil y distante, de la voz divina.

   El éxito de vuestro Ajustador en la empresa de guiaros a través de la vida mortal y de conseguir vuestra supervivencia no depende tanto de las teorías de vuestras creencias como de vuestras decisiones, determinaciones, y de vuestra fe inquebrantable. Todos estos movimientos del crecimiento de la personalidad se convierten en unas poderosas influencias que contribuyen a vuestro progreso porque os ayudan a cooperar con el Ajustador; os ayudan a dejar de oponerle resistencia. Los Ajustadores del Pensamiento tienen éxito o fracasan en


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apariencia en sus empresas terrestres en la medida exacta en que los mortales logran o no logran cooperar con el programa destinado a hacerlos avanzar a lo largo del camino ascendente que lleva a alcanzar la perfección. El secreto de la supervivencia está envuelto en el supremo deseo humano de ser semejante a Dios, y en la buena voluntad asociada de hacer y de ser todas las cosas que son esenciales para alcanzar finalmente ese deseo dominante.

   Cuando hablamos del éxito o del fracaso de un Ajustador, hablamos desde el punto de vista de la supervivencia humana. Los Ajustadores no fracasan nunca; son de esencia divina y siempre salen triunfantes de cada una de sus empresas.

   No puedo sino observar que muchos de vosotros empleáis mucho tiempo y esfuerzos mentales en las cosas insignificantes de la vida, mientras que pasáis por alto casi por completo las realidades más esenciales de importancia eterna, aquellos logros que están precisamente relacionados con el desarrollo de un acuerdo de trabajo más armonioso entre vosotros y vuestro Ajustador. La gran meta de la existencia humana consiste en sintonizarse con la divinidad del Ajustador interior; el gran logro de la vida mortal consiste en alcanzar una verdadera consagración comprensiva a los objetivos eternos del espíritu divino que espera y trabaja dentro de vuestra mente. Pero un esfuerzo ferviente y determinado por hacer realidad el destino eterno es enteramente compatible con una vida despreocupada y alegre, y con una carrera lograda y honorable en la Tierra. La cooperación con el Ajustador del Pensamiento no implica que haya que torturarse, fingir piedad o autodegradarse de manera hipócrita y ostentosa; la vida ideal consiste en servir con amor, en lugar de llevar una existencia de aprensión temerosa.

   La confusión, el sentirse desconcertado e incluso a veces desalentado y perturbado, no significa necesariamente resistencia a las directrices del Ajustador interior. Estas actitudes implican a veces una falta de cooperación activa con el Monitor divino y, por lo tanto, pueden retrasar un poco el progreso espiritual, pero estas dificultades emotivas intelectuales no obstaculizan en lo más mínimo la supervivencia segura del alma que conoce a Dios. La ignorancia por sí sola nunca puede impedir la supervivencia, así como tampoco las dudas confusas o la incertidumbre temerosa. Sólo la resistencia consciente a la guía del Ajustador puede impedir la supervivencia del alma inmortal en evolución.

   No debéis considerar que la cooperación con vuestro Ajustador es un proceso particularmente consciente, porque no lo es; pero vuestros móviles y decisiones, vuestras fieles determinaciones y vuestros deseos supremos constituyen de hecho una cooperación real y eficaz. Podéis acrecentar conscientemente la armonía con el Ajustador:

   1. Escogiendo responder a la guía divina; basando sinceramente vuestra vida humana en vuestra conciencia más elevada sobre la verdad, la belleza y la bondad, y luego coordinar estas cualidades de la divinidad mediante la sabiduría, la adoración, la fe y el amor.

   2. Amando a Dios y deseando pareceros a él —el auténtico reconocimiento de la paternidad divina y la adoración amorosa del Padre celestial.

   3. Amando a los hombres y deseando sinceramente servirles —el reconocimiento sincero de la fraternidad de los hombres, unido a un afecto inteligente y sabio por cada uno de vuestros semejantes mortales.

   4. Aceptando alegremente la ciudadanía cósmica —el reconocimiento honrado de vuestras obligaciones progresivas hacia el Ser Supremo, la conciencia de la interdependencia del hombre evolutivo y de la Deidad en evolución. Es el nacimiento de la moralidad cósmica y la comprensión naciente del deber universal.


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4. EL TRABAJO DEL AJUSTADOR EN LA MENTE

   Los Ajustadores son capaces de recibir la corriente continua de inteligencia cósmica que llega por los principales circuitos del tiempo y del espacio; están plenamente en contacto con la inteligencia y la energía espirituales de los universos. Pero estos poderosos habitantes interiores son incapaces de transmitir una gran parte de esta riqueza de sabiduría y de verdad a la mente de sus sujetos mortales, debido a la falta de naturaleza común y a la ausencia de reconocimiento sensible.

   El Ajustador del Pensamiento está ocupado en un esfuerzo constante por espiritualizar vuestra mente de tal manera que pueda hacer evolucionar vuestra alma morontial; pero vosotros mismos sois generalmente inconscientes de este ministerio interior. Sois totalmente incapaces de distinguir entre el producto de vuestro propio intelecto material y el de las actividades conjuntas de vuestra alma y el Ajustador.

   Algunas presentaciones súbitas de pensamientos, conclusiones y otras imágenes mentales son a veces la obra directa o indirecta del Ajustador; pero se trata, mucho más a menudo, de la aparición repentina en la conciencia de unas ideas que se han agrupado por sí solas en los niveles mentales subconscientes, los sucesos naturales y cotidianos de la función psíquica normal y ordinaria inherente a los circuitos de la mente animal en evolución. (A diferencia de estas emanaciones subconscientes, las revelaciones del Ajustador aparecen a través del ámbito de la superconciencia.)

   Confiad a la custodia de los Ajustadores todos los asuntos mentales que sobrepasan el nivel adormecido de la conciencia de sí. A su debido tiempo os darán buena cuenta de su gestión, si no en este mundo pues entonces en los mundos de las mansiones, y harán aparecer finalmente aquellos significados y valores que fueron confiados a su cargo y cuidado. Si sobrevivís, resucitarán cada tesoro valioso de vuestra mente mortal.

   Existe un inmenso abismo entre lo humano y lo divino, entre el hombre y Dios. Las razas de Urantia están tan ampliamente controladas eléctrica y químicamente, su comportamiento común se parece tanto al de los animales, sus reacciones habituales son tan emotivas, que a los Monitores les resulta extremadamente difícil guiarlas y dirigirlas. Estáis tan desprovistos de decisiones valientes y de una cooperación consagrada, que a vuestros Ajustadores interiores les resulta casi imposible comunicarse directamente con la mente humana. Incluso cuando les es posible transmitir un destello de verdad nueva al alma mortal evolutiva, a menudo esta revelación espiritual ciega tanto a la criatura que provoca una conmoción de fanatismo o desencadena algún otro trastorno intelectual que resulta desastroso. Muchas religiones nuevas y extraños «ismos» han nacido como consecuencia de las comunicaciones abortadas, imperfectas, mal comprendidas y confusas de los Ajustadores del Pensamiento.

   Durante muchos miles de años, y así lo muestran los archivos de Jerusem, en cada generación han vivido cada vez menos seres que podían trabajar sin peligro con los Ajustadores autónomos. Esto es un cuadro alarmante, y las personalidades supervisoras de Satania consideran favorablemente las propuestas de algunos de vuestros supervisores planetarios más inmediatos que recomiendan la introducción de medidas destinadas a fomentar y conservar los tipos espirituales más elevados de las razas de Urantia.

5. CONCEPTOS ERRÓNEOS SOBRE LA GUÍA DE LOS AJUSTADORES

   No confundáis ni mezcléis la misión y la influencia del Ajustador con lo que se llama habitualmente la conciencia moral; no están directamente relacionadas.


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La conciencia moral es una reacción humana y puramente psíquica. No hay que menospreciarla, pero difícilmente es la voz de Dios para el alma, como lo sería en verdad la voz del Ajustador si pudiera ser escuchada. La conciencia moral os exhorta, con razón, a obrar bien; pero el Ajustador se esfuerza además por deciros cuál es realmente el bien; es decir, en el momento y la medida en que sois capaces de percibir la guía del Monitor.

   Las experiencias oníricas del hombre, ese desfile desordenado y desconectado de la mente dormida no coordinada, ofrecen una prueba adecuada del fracaso de los Ajustadores en armonizar y asociar los factores divergentes de la mente del hombre. Los Ajustadores simplemente no pueden, en una sola vida, coordinar y sincronizar arbitrariamente dos tipos de pensamiento tan distintos y diferentes como el humano y el divino. Cuando lo hacen, como a veces lo han hecho, dichas almas son transferidas directamente a los mundos de las mansiones sin necesidad de pasar por la experiencia de la muerte.

   Durante los períodos del sueño, el Ajustador sólo trata de llevar a cabo aquello que la voluntad de la personalidad habitada ha aprobado previamente por completo mediante las decisiones y las elecciones efectuadas durante los momentos en que la conciencia estaba plenamente despierta, unas decisiones y elecciones que se han alojado por ello en las zonas supermentales, el campo de conexión de las relaciones recíprocas entre lo humano y lo divino.

   Mientras sus anfitriones mortales duermen, los Ajustadores tratan de registrar sus creaciones en los niveles superiores de la mente material, y algunos de vuestros sueños grotescos indican que los Ajustadores no han logrado establecer un contacto eficaz. Los absurdos de la vida onírica no demuestran solamente la presión de las emociones no expresadas, sino que también atestiguan que las representaciones de los conceptos espirituales presentados por los Ajustadores son horriblemente deformadas. Vuestras propias pasiones, impulsos y otras tendencias innatas se trasladan a la imagen mental, y sus deseos inexpresados sustituyen a los mensajes divinos que los habitantes interiores se esfuerzan por introducir en los registros psíquicos durante el sueño inconsciente.

   Es extremadamente peligroso hacer suposiciones sobre lo que, en la vida onírica, procede de los Ajustadores. Los Ajustadores trabajan de hecho durante el sueño, pero vuestras experiencias oníricas ordinarias son unos fenómenos puramente fisiológicos y psicológicos. Asimismo, es arriesgado intentar diferenciar entre el registro de los conceptos del Ajustador y la recepción más o menos continua y consciente de los dictados de la conciencia moral humana. Éstos son unos problemas que deberán resolverse mediante el discernimiento individual y las decisiones personales. Pero un ser humano haría mejor en equivocarse, rechazando la expresión de un Ajustador por creer que se trata de una experiencia puramente humana, que cometer el error de elevar una reacción de la mente mortal a la esfera de dignidad divina. Recordad que la influencia de un Ajustador del Pensamiento es en su mayor parte, aunque no del todo, una experiencia superconsciente.

   Vosotros os comunicáis con vuestro Ajustador en grados variables y de forma creciente a medida que ascendéis los círculos psíquicos, a veces directamente, pero más a menudo de manera indirecta. Pero es peligroso albergar la idea de que cada nuevo concepto que se origina en la mente humana es dictado por el Ajustador. Con más frecuencia, y en los seres de vuestra orden, aquello que aceptáis como la voz del Ajustador es en realidad la emanación de vuestro propio intelecto. El terreno es peligroso, y cada ser humano debe resolver estos problemas por sí mismo de acuerdo con su sabiduría humana natural y su perspicacia superhumana.

   El Ajustador del ser humano a través del cual se transmite esta comunicación disfruta de un campo de acción tan amplio debido principalmente a que este humano manifiesta una indiferencia casi completa por toda manifestación


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exterior de la presencia interior del Ajustador; es en verdad una suerte que permanezca de forma consciente completamente indiferente a todo el proceso. Posee uno de los Ajustadores más experimentados de su época y de su generación, y sin embargo el guardián del destino declara que su reacción pasiva y su falta de preocupación por los fenómenos asociados a la presencia en su mente de este polifacético Ajustador es una reacción rara y fortuita. Todo esto constituye una favorable coordinación de influencias, favorable tanto para el Ajustador en su esfera superior de acción como para el asociado humano desde el punto de vista de la salud, la eficacia y la tranquilidad.

6. LOS SIETE CÍRCULOS PSÍQUICOS

   La suma total de la realización de la personalidad en un mundo material está contenida en la conquista sucesiva de los siete círculos psíquicos de potencialidad mortal. La entrada en el séptimo círculo señala el comienzo del verdadero funcionamiento de la personalidad humana. La culminación del primer círculo indica la madurez relativa del ser mortal. Aunque atravesar los siete círculos de crecimiento cósmico no equivale a la fusión con el Ajustador, el dominio de estos círculos revela que se han alcanzado las etapas preliminares para fusionar con el Ajustador.

   El Ajustador es vuestro asociado en un plano de igualdad para alcanzar los siete círculos —para lograr una madurez humana relativa. El Ajustador asciende los círculos con vosotros desde el séptimo hasta el primero, pero progresa hacia el estado de actividad autónoma y de supremacía de forma totalmente independiente a la cooperación activa de la mente mortal.

   Los círculos psíquicos no son exclusivamente intelectuales ni totalmente morontiales; tienen que ver con el estado de la personalidad, los logros de la mente, el crecimiento del alma y la sintonización con el Ajustador. La travesía con éxito de estos niveles requiere el funcionamiento armónico de toda la personalidad, y no simplemente de algunas de sus fases. El crecimiento de las partes no equivale a la verdadera maduración del todo; las partes crecen realmente en proporción a la expansión del yo completo —de todo el yo— material, intelectual y espiritual.

   Cuando el desarrollo de la naturaleza intelectual avanza más deprisa que el de la espiritual, esta situación hace que la comunicación con el Ajustador del Pensamiento resulte difícil y peligrosa. Asimismo, un desarrollo espiritual excesivo tiende a ocasionar una interpretación fanática y desnaturalizada de las directrices espirituales del habitante divino. La falta de capacidad espiritual hace muy difícil transmitir a un intelecto material las verdades espirituales situadas en la superconciencia más elevada. A una mente perfectamente equilibrada, alojada en un cuerpo de costumbres sanas, de energías nerviosas estabilizadas y de funciones químicas equilibradas —cuando los poderes físicos, mentales y espirituales se desarrollan en armonía trina— es a la que se le puede comunicar un máximo de luz y de verdad con un mínimo de peligro o de riesgo temporales para el bienestar real de dicho ser. El hombre asciende los círculos de la progresión planetaria uno tras otro, desde el séptimo hasta el primero, gracias a este crecimiento equilibrado.

   Los Ajustadores siempre están cerca de vosotros y en vosotros, pero es raro que os puedan hablar directamente como lo haría otro ser. Círculo tras círculo, vuestras decisiones intelectuales, elecciones morales y desarrollo espiritual aumentan la capacidad del Ajustador para funcionar en vuestra mente; círculo tras círculo os eleváis así desde los estados inferiores de asociación y de sintonización mental con el Ajustador, de manera que éste se encuentra cada vez más capacitado para registrar sus imágenes del destino, con una intensidad y una convicción crecientes, en la conciencia evolutiva de esta mente-alma que busca a Dios.


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   Cada decisión que tomáis impide o facilita la función del Ajustador; esas mismas decisiones determinan igualmente vuestro avance en los círculos de la consecución humana. Es cierto que la supremacía de una decisión, su relación con una crisis, tiene mucho que ver con su influencia para franquear los círculos; sin embargo, el número de decisiones, las repeticiones frecuentes, las repeticiones persistentes, son esenciales también para tener la certeza de que tales reacciones se convertirán en hábitos.

   Es difícil definir con precisión los siete niveles de la progresión humana, ya que estos niveles son personales; varían para cada individuo y están aparentemente determinados por la capacidad de crecimiento de cada ser humano. La conquista de estos niveles de evolución cósmica se refleja de tres maneras:

   1. La sintonización con el Ajustador. La mente que se espiritualiza se acerca a la presencia del Ajustador de manera proporcional a la conquista de los círculos.

   2. La evolución del alma. La aparición del alma morontial indica la extensión y la profundidad del dominio de los círculos.

   3. La realidad de la personalidad. La conquista de los círculos determina directamente el grado de realidad de la individualidad. Las personas se vuelven más reales a medida que se elevan desde el séptimo hasta el primer nivel de la existencia mortal.

   A medida que el niño nacido de la evolución material atraviesa los círculos, se convierte en un humano maduro con una potencialidad inmortal. La realidad indistinta de la naturaleza embrionaria de un hombre que se encuentra en el séptimo círculo da paso a la manifestación más clara de la naturaleza morontial emergente de un ciudadano del universo local.

   Aunque es imposible definir con precisión los siete niveles, o círculos psíquicos, del crecimiento humano, podemos sugerir los límites mínimos y máximos de estas etapas de realización de la madurez:

   El séptimo círculo. Los seres humanos entran en este nivel cuando desarrollan los poderes de la elección personal, la decisión individual, la responsabilidad moral y la capacidad para alcanzar la individualidad espiritual. Esto indica el funcionamiento unido de los siete espíritus ayudantes de la mente bajo la dirección del espíritu de la sabiduría, la inclusión de la criatura mortal en los circuitos de influencia del Espíritu Santo y, en Urantia, el funcionamiento inicial del Espíritu de la Verdad, junto con la recepción de un Ajustador del Pensamiento por parte de la mente mortal. La entrada en el séptimo círculo convierte a una criatura mortal en un verdadero ciudadano potencial del universo local.

   El tercer círculo. El trabajo del Ajustador es mucho más eficaz después de que el ascendente humano alcanza el tercer círculo y recibe un guardián seráfico personal del destino. Aunque en apariencia no existen unos esfuerzos concertados entre el Ajustador y el guardián seráfico, sin embargo se puede observar una mejora evidente en todas las fases de consecución cósmica y de desarrollo espiritual después de la asignación del asistente seráfico personal. Cuando se alcanza el tercer círculo, el Ajustador se esfuerza por morontializar la mente del hombre durante el resto de su vida como mortal, por conquistar los círculos restantes y por alcanzar la etapa final de la asociación humano-divina antes de que la muerte natural disuelva esta asociación excepcional.

   El primer círculo. Habitualmente, el Ajustador no puede hablar de manera directa e inmediata con vosotros hasta que alcanzáis el círculo primero y final de consecución mortal progresiva. Este nivel representa el máximo desarrollo posible al que pueden llegar las relaciones entre la mente y el Ajustador durante la experiencia humana, antes de que el alma morontial en evolución sea liberada de las vestiduras del cuerpo material. En lo que se refiere a la mente,


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las emociones y la perspicacia cósmica, alcanzar el primer círculo psíquico representa el acercamiento más grande posible entre la mente material y el Ajustador espiritual en la experiencia humana.

   Estos círculos psíquicos de progresión mortal quizás deberían denominarse mejor niveles cósmicos —unos niveles donde se captan realmente los significados y se comprenden los valores del acercamiento progresivo a la conciencia morontial de la relación inicial entre el alma evolutiva y el Ser Supremo emergente. Esta misma relación es la que hace imposible para siempre explicar plenamente el significado de los círculos cósmicos a la mente material. La conquista de estos círculos sólo tiene una relación relativa con la conciencia de Dios. Una persona que se encuentra en el séptimo o sexto círculo puede conocer a Dios —ser consciente de su filiación— casi tan bien como aquella que esté en el segundo o el primer círculo, pero estos seres de los círculos inferiores son mucho menos conscientes de su relación experiencial con el Ser Supremo, de su ciudadanía universal. La conquista de estos círculos cósmicos formará parte de la experiencia de los ascendentes en los mundos de las mansiones, si no han logrado alcanzarlos antes de la muerte natural.

   La motivación de la fe convierte en experiencial la realización completa de la filiación del hombre con Dios, pero la acción, la consumación de las decisiones, es esencial para alcanzar por evolución la conciencia del parentesco progresivo con la realidad cósmica del Ser Supremo. En el mundo espiritual, la fe transmuta los potenciales en actuales, pero los potenciales sólo se vuelven actuales, en los reinos finitos del Supremo, llevando a cabo la experiencia de la elección y a través de ella. Escoger hacer la voluntad de Dios une la fe espiritual con las decisiones materiales en los actos de la personalidad, proporcionando así un punto de apoyo divino y espiritual para que la palanca humana y material del hambre de Dios funcione con más eficacia. Esta sabia coordinación de las fuerzas materiales y espirituales acrecienta considerablemente tanto el entendimiento cósmico del Supremo como la comprensión morontial de las Deidades del Paraíso.

   El dominio de los círculos cósmicos está relacionado con el crecimiento cuantitativo del alma morontial, la comprensión de los significados supremos. Pero el estado cualitativo de este alma inmortal depende totalmente de que la fe viviente capte el valor del hecho, potencial y paradisiaco, de que el hombre mortal es un hijo del Dios eterno. Por eso aquellas personas que están en el séptimo círculo van a los mundos de las mansiones para alcanzar una realización cuantitativa adicional en su crecimiento cósmico, exactamente como las que se encuentran en el segundo o incluso en el primer círculo.

   Sólo existe una relación indirecta entre la conquista de los círculos cósmicos y la experiencia religiosa espiritual real; estos logros son recíprocos y por lo tanto mutuamente beneficiosos. El desarrollo puramente espiritual puede tener muy poca relación con la prosperidad material planetaria, pero la conquista de los círculos acrecienta siempre el potencial del éxito humano y de los logros mortales.

   Desde el séptimo hasta el tercer círculo, los siete espíritus ayudantes de la mente ejercen una acción creciente y unificada para liberar a la mente mortal de su dependencia de las realidades de los mecanismos de la vida material, con miras a introducirla cada vez más en los niveles morontiales de experiencia. Desde el tercer círculo en adelante, la influencia de los ayudantes disminuye progresivamente.

   Los siete círculos abarcan la experiencia mortal que se extiende desde el nivel puramente animal más elevado hasta el nivel de conciencia morontial de contacto real más bajo como experiencia de la personalidad. El dominio del primer círculo cósmico señala que se ha alcanzado la madurez mortal premorontial, e indica la finalización del ministerio conjunto de los espíritus ayudantes de la mente como influencia exclusiva de acción mental en la personalidad humana. Más allá del primer círculo, la mente se vuelve cada vez


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más semejante a la inteligencia del estado morontial de evolución, el ministerio conjunto de la mente cósmica y de la dotación superayudante del Espíritu Creativo de un universo local.

   Los grandes días en la carrera individual de los Ajustadores son los siguientes: primero, cuando el sujeto humano irrumpe en el tercer círculo psíquico, lo cual asegura la actividad autónoma y una gama creciente de funciones del Monitor (siempre que el habitante interior no fuera ya autónomo); luego, cuando el compañero humano alcanza el primer círculo psíquico, lo cual les permite comunicarse entre ellos, al menos hasta cierto punto; y finalmente, cuando fusionan de manera eterna y definitiva.

7. LA CONSECUCIÓN DE LA INMORTALIDAD

   La conquista de los siete círculos cósmicos no equivale a la fusión con el Ajustador. Hay muchos mortales que viven en Urantia que han alcanzado sus círculos; pero la fusión depende además de otros logros espirituales más grandes y más sublimes, del hecho de conseguir una sintonización final y completa entre la voluntad mortal y la voluntad de Dios, tal como ésta reside en el Ajustador del Pensamiento.

   Cuando un ser humano ha terminado los círculos de consecución cósmica, y además, cuando la elección final de la voluntad mortal permite al Ajustador completar la asociación entre la identidad humana y el alma morontial durante la vida física evolutiva, entonces estos enlaces consumados del alma y del Ajustador pasan independientemente a los mundos de las mansiones, y desde Uversa se emite el mandato que asegura la fusión inmediata del Ajustador y del alma morontial. Esta fusión durante la vida física consume instantáneamente el cuerpo material; los seres humanos que pudieran presenciar este espectáculo sólo observarían que el mortal en vías de ser transferido desaparece «en carros de fuego».

   La mayor parte de los Ajustadores que han trasladado a sus sujetos fuera de Urantia eran muy experimentados y hay constancia de que habían residido anteriormente en numerosos mortales de otras esferas. Recordad que los Ajustadores adquieren una valiosa experiencia como habitantes interiores en los planetas donde sólo son prestados; de esto no hay que deducir que los Ajustadores sólo adquieren experiencia, para realizar un trabajo avanzado, en aquellos sujetos mortales que no logran sobrevivir.

   Después de fusionar con vosotros los mortales, los Ajustadores comparten vuestro destino y vuestra experiencia; ellos son vosotros. Después de la fusión del alma morontial inmortal con el Ajustador asociado, toda la experiencia y todos los valores de uno se vuelven finalmente propiedad del otro, de manera que los dos forman realmente una sola entidad. En cierto sentido, este nuevo ser pertenece al pasado eterno y existe para el eterno futuro. Todo lo que una vez fue humano en el alma sobreviviente, y todo lo que es experiencialmente divino en el Ajustador, se convierten ahora en la propiedad real de la nueva personalidad universal siempre ascendente. Pero en cada nivel del universo, el Ajustador sólo puede dotar a la nueva criatura de aquellos atributos que tienen un significado y un valor en ese nivel. La unidad absoluta con el Monitor divino, el agotamiento completo de la dotación de un Ajustador, sólo se puede lograr en la eternidad después de haber alcanzado finalmente al Padre Universal, el Padre de los espíritus, la fuente permanente de estos dones divinos.

   Cuando el alma evolutiva y el Ajustador divino han fusionados de manera eterna y final, cada uno de ellos adquiere todas las cualidades experimentables del otro. Esta personalidad coordinada posee toda la memoria experiencial de la supervivencia, conservada en otro tiempo por la mente mortal ancestral, y luego existente en el alma morontial; además de esto, este finalitario potencial contiene toda la memoria experiencial que el Ajustador ha acumulado a lo largo


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de sus estancias en los mortales durante todos los tiempos. Pero el Ajustador necesitará la eternidad del futuro para dotar plenamente esta asociación de personalidad con los significados y los valores que el Monitor divino aporta desde la eternidad del pasado.

   Pero en la gran mayoría de los urantianos, el Ajustador debe esperar pacientemente la llegada de la liberación por medio de la muerte; debe esperar que el alma emergente se libere de la dominación casi completa de los modelos energéticos y de las fuerzas químicas inherentes a vuestra orden material de existencia. La principal dificultad que experimentáis para poneros en contacto con vuestro Ajustador consiste en esta misma naturaleza material inherente. Hay tan pocos mortales que sean verdaderos pensadores; no desarrolláis ni disciplináis espiritualmente vuestra mente hasta el punto de establecer una conexión favorable con los Ajustadores divinos. La mente humana hace casi oídos sordos a las súplicas espirituales que el Ajustador traduce de los múltiples mensajes de las transmisiones universales de amor procedentes del Padre de las misericordias. Al Ajustador le resulta casi imposible registrar estas directrices espirituales inspiradoras en una mente animal tan completamente dominada por las fuerzas químicas y eléctricas inherentes a vuestra naturaleza física.

   Los Ajustadores se regocijan de ponerse en contacto con la mente mortal; pero deben tener paciencia a través de los largos años de estancia silenciosa durante los cuales son incapaces de romper la resistencia animal y de comunicarse directamente con vosotros. Cuanto más se elevan los Ajustadores del Pensamiento en la escala del servicio, más eficaces se vuelven. Pero mientras permanecéis en la carne, nunca pueden saludaros con el mismo afecto pleno, comprensivo y lleno de expresión con que lo harán cuando los discernáis, de mente a mente, en los mundos de las mansiones.

   Durante la vida mortal, el cuerpo y la mente materiales os separan de vuestro Ajustador e impiden la libre comunicación con él; después de la muerte y de la fusión eterna, vosotros y el Ajustador seréis una sola cosa —no se os podrá distinguir como seres separados— y ya no existirá ninguna necesidad de comunicación tal como vosotros la entendéis.

   Aunque la voz del Ajustador está siempre dentro de vosotros, la mayoría de vosotros la escuchará raramente durante la vida. Los seres humanos que se encuentran por debajo del tercero y del segundo círculos de consecución escuchan raras veces la voz directa del Ajustador, excepto en los momentos de un deseo supremo, en una situación suprema, o a consecuencia de una decisión suprema.

   Durante el período en que se establece y se rompe el contacto entre la mente humana de un reservista del destino y los supervisores planetarios, el Ajustador interior se encuentra situado a veces de tal manera que le es posible transmitir un mensaje a su asociado mortal. No hace mucho tiempo, en Urantia, un Ajustador autónomo trasmitió un mensaje de este tipo a su asociado humano, miembro del cuerpo de reserva del destino. El mensaje empezaba con estas palabras: «Ahora, sin perjuicio ni peligro para el sujeto de mi devoción solícita, y sin ninguna intención de desanimarlo o de castigarlo con exceso, registrad por mí esta súplica que le dirijo.» Luego seguía una exhortación hermosamente conmovedora y atractiva. El Ajustador pedía, entre otras cosas, «que me conceda más fielmente su cooperación sincera, soporte más alegremente las tareas de mi posición, lleve a cabo más fielmente el programa planeado por mí, pase más pacientemente por las pruebas que he escogido, camine de manera más perseverante y alegre por el sendero que he elegido, reciba más humildemente el crédito que pueda derivarse como consecuencia de mis esfuerzos incesantes —trasmitid así mi exhortación al hombre en el que habito. Le obsequio con la


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devoción y el afecto supremos de un espíritu divino. Y decidle además a mi amado sujeto que actuaré con sabiduría y poder hasta el final, hasta que el último esfuerzo terrestre haya terminado; seré fiel a la personalidad que me ha sido confiada. Y le exhorto a sobrevivir, a que no me decepcione, a que no me prive de la recompensa de mi lucha paciente e intensa. Dependemos de la voluntad humana para conseguir la personalidad. Círculo tras círculo he elevado pacientemente esta mente humana, y tengo el testimonio de que el jefe de mi orden me concede su aprobación. Círculo tras círculo paso por un juicio. Espero con placer y sin aprensión el llamamiento nominal del destino; estoy preparado para someterlo todo a los tribunales de los Ancianos de los Días.»

   [Presentado por un Mensajero Solitario de Orvonton.]


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